miércoles, 24 de marzo de 2010

Irse.


¿En que lugar exacto está tu ojo perdido?
Ese ojo, que no está acá, está huyendo de los desviados. Te pregunto qué es lo que puedo hacer por vos y vos… vos te vas con tu ojo, disparada, animada, alentada por mi inquisición, mi atrevimiento.
Tu ojo vuela. Vuela hacia tu izquierda, se va aferrado al corazón que late incómodo. Tu nariz es un pez que aletea con fuerza marina, al compás de tu ceja, al ritmo de tu pecho, entonando con esa comisura a tu servicio, que va de un lado a otro, buscando a tu ojo, buscando respuestas, respuestas…
Respuestas.
¿Quién te quiere en su sueño perdido?
¿Quién te busca en su pasado irremediable, en su oportunidad desaprovechada?
Sos un pobre nombre escondido, tapado de preguntas inútiles, de fracasos ajenos, de figuras geométricas y fornidas consignas nulas.
Yo soy una tormenta de nada, simulando cordura y paciencia, alejándome de vos tras cada pestañeo, cada latir, cada gota de sudor amaneciendo por las sienes.
Tu ojo huye de nosotros los desviados. Quienes te buscamos en la acera de nuestras jerarquías, sueños y heridas profundas… y sencillamente no estás ahí.
Te obligás a arrojarme un monosílabo tartamudeado, un salvavidas pinchado en un océano de expectativas con un pésimo pronóstico tormentoso.
Yo veo regresar a tu ojo valiente, necesario.
Veo tu cuerpo enorme amoldado resignadamente al pupitre viejo, desanimado. Tu sonrisa reflejando mi sonrisa…
Te veo otra vez intentando acomodarte a un sinfín de absurdos y yo…
Yo no voy a volver a verte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario